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Fragmento del Libro del Buen Amor de Juan Ruíz, Arcipreste de Hita (siglos XIII - XIV)

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Imagen de la red Mucho faz' el dinero, mucho es de amar: al torpe faze bueno e ome de prestar, faze correr al coxo e al mudo fablar, el que non tiene manos, dyneros quier' tomar. Sea un ome nesçio e rudo labrador, los dyneros le fazen fidalgo e sabydor, quanto más algo tiene, tanto es de más valor; el que non ha dineros, non es de sy señor. Sy tovyeres dyneros, avrás consolaçión, plazer e alegría e del papa ración, comprarás parayso, ganarás salvaçión: do son muchos dineros, es mucha bendiçión. Yo vy allá en Roma, do es la santidat, que todos al dinero fazianl' omilidat, grand onrra le fazían con grand solenidat: todos a él se omillan como a la magestat. Ffazíe muchos priores, obispos e abbades, arçobispos, dotores, patriarcas, potestades, e muchos clérigos nesçios dávales denidades. Ffacie verdat mentiras e mentiras verdades. Ffazíe muchos clérigos e muchos ordenados, muchos monges e mongas, rreligiosos sagrados: el dinero les dava por byen e...

El pobre caritativo, de la obra Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (¿1195?-¿1253-1260?)

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Imagen de la red Era un omne pobre que vivié de raziones,  non avié otras rendas nin otras furcïones  fuera quando lavrava, esto poccas sazones:  tenié en su alzado bien poccos pepïones. Por ganar la Gloriosa que él mucho amava,  partiélo con los pobres todo quanto ganava;  en esto contendié e en esto punnava,  por aver la su gracia su mengua oblidava. Quando ovo est pobre d’est mundo a passar,  fablóli muy sabroso, queriélo falagar,  udieron la palavra todos los del logar. «Tú mucho cobdiciest la nuestra compannía,  sopist pora ganarla bien buena maestría,  ca partiés tus almosnas, diziés ‘Ave María’,  por qué lo faziés todo yo bien lo entendía. Sepas que es tu cosa toda bien acabada,  ésta es en que somos la cabera jornada;  el ‘Ite missa est’, conta que es cantada,  venida es la ora de prender la soldada. Yo so aquí venida por levarte comigo,  al regno de mi Fijo que es bien tu amigo,...

Dos poemas de Wallada bint al-Mustakfi (994 - 1091)

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Imagen de internet PURA PIEDRA Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero y supiste el lugar que ocupas en mi corazón, y cómo me dejaba arrastrar por el amor, sumiso, yo, que a nadie más que a ti consentí que me arrastrara, te alegraste de que el sufrimiento cubriera mi cuerpo y de que el insomnio pintara de negro mis párpados. Pasa tus miradas por las líneas de mis cartas y verás mis lágrimas mezcladas con la tinta. Cariño mío: mi corazón se deshace de quejarse tanto a un corazón de pura piedra". --------------o------------- CUANDO CAIGA LA TARDE... Cuando caiga la tarde, espera mi visita,  pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;  siento un amor por ti, que si los astros lo sintiesen  no brillaría el sol, ni la luna saldría  y las estrellas no emprenderían su viaje nocturno.

Un poema del Collar de la Paloma de Ibn Hazm de Córdoba (994 - 1064)

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Imagen d la Red El verdadero amor no nace en una hora, ni da fuego su pedernal siempre que quieres, sino que nace y se propaga despacio, tras larga compenetración, que lo afianza;

Dos poemas de Anacreonte

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I ¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica? Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos que en nada me aprovechan? Será mejor que enseñes a saborear el néctar de Dionisios y a hacer que la más bella de las diosas aun me haga digno de sus encantos. La nieve ha hecho en mi cabeza su corona; muchacho, dame agua y vino que el alma me adormezcan pues el tiempo que me queda por vivir es breve, demasiado breve. Pronto me habrás de enterrar y los muertos no beben, no aman, no desean. II De la dulce vida, me queda poca cosa; esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro; bajar hasta los abismos del Hades, es sobrecogedor y doloroso, aparte de que indefectiblemente ya no vuelve a subir quien allí desciende.

Poema de Safo de Mitilene (siglos VII - VIII a. C.)

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Imagen de internet Me parece que es igual a los dioses  el hombre aquel que frente a ti se sienta,  y a tu lado absorto escucha mientras  dulcemente hablas  y encantadora sonríes. Lo que a mí  el corazón en el pecho me arrebata;  apenas te miro y entonces no puedo  decir ya palabra.  Al punto se me espesa la lengua  y de pronto un sutil fuego me corre  bajo la piel, por mis ojos nada veo,  los oídos me zumban,  me invade un frío sudor y toda entera  me estremezco, más que la hierba pálida  estoy, y apenas distante de la muerte  me siento, infeliz. (Traducción de C. García Gual, Antología de la Poesía Lírica Griega, Alianza Editorial)

Poema de LAS GEÓRGICAS de Virgilio.

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Imagen de Wikipedia Doce los signos son que el curso marcan del sol en su recinto aprisionado, cinco las zonas que el Olimpo abarcan. Una del sol por la centella herida tostada siempre está y enrojecida; dos opuestas al uno y otro lado son asilo en los límites del cielo de eterna bruma y de cerúleo hielo. Entre estas, intermedias y templadas, dos fueron por los dioses designadas para servir al hombre de hospedaje, y entre ellas hace el sol su oblicuo viaje. El mundo que hacia el Norte se hincha y sube deprimido aparece al medio día. Allá se pierde en la más alta nube; acá , depuesta ya su altanería, la Estigia ve sombría, y de los Manes la región profunda. El lúcido Dragón allá circunda, envuelve como un mar a las dos Osas de caer al Océano temerosas. Y en la oscura región del austral polo, o reina noche sempiterna, o solo su lóbrego horizonte se despeja y ve la luz cuando la luz nos deja. Y cuando los corceles de la aurora aquí nos soplan la primera hora,...