Han huido las nieves, retorna la yerba a los campos y a los árboles su cabellera. Cambia su aspecto la tierra y los ríos en sus crecidas abandonas sus cauces. Una de las Gracias, con las Ninfas y sus dos hermanas, se atreve a dirigir, desnuda, sus danzas. No esperes algo inmortal, te aconsejan el año y las horas que arrebatan el día soleado. Los fríos se suavizan con el Céfiro, el verano deja atrás la primavera, para a su vez morir tan pronto como el otoño cargado de manzanas derrame sus frutos; y pronto volverá la bruma inactiva. Aunque, rápidas, las lunas repararán los daños del cielo. Nosotros en cambio, cuando caemos a donde cayó el padre Eneas y el rico Tulo y Anco, polvo y sombra somos. ¿Quién sabe si los dioses de arriba añadirán todavía mañana un tiempo a la cuenta de hoy? Sólo lo que tú te hayas dado con ánimo amigo escapará de las ávidas manos de tu heredero. Una vez que hayas muerto y Minos te haya dictado su majestuosa sentencia, ni tu e...