Mujer, sin más. Poema de Antonia Cerrato Martín-Romo.
(Imagen de la autora)
Estás aquí,
la de los ojos glaucos,
la que bebe en el vaso de la siega
toda la sabiduría,
la que es polen y abeja de la casa.
la de los ojos glaucos,
la que bebe en el vaso de la siega
toda la sabiduría,
la que es polen y abeja de la casa.
Mujer que trajinas
los hilos de todas las batallas
Atenea sin cetro,
égida de vientos, pecho abierto
frente al mundo
que se olvida de volver, de volverse,
de arrodillarse ante tu trono.
los hilos de todas las batallas
Atenea sin cetro,
égida de vientos, pecho abierto
frente al mundo
que se olvida de volver, de volverse,
de arrodillarse ante tu trono.
Mujer, cáliz perfecto de luz
y abundancia, calor que bruñe
el llamador de la alegría;
y abundancia, calor que bruñe
el llamador de la alegría;
con tus dedos,
dibujas sueños de amor
en las alas blancas de una lechuza
para que luego levanten el vuelo
bajo tu mirada imponente de diosa…
De madre.
dibujas sueños de amor
en las alas blancas de una lechuza
para que luego levanten el vuelo
bajo tu mirada imponente de diosa…
De madre.
Mujer, sin más©Antonia Cerrato Martín-Romo

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