Dientes de León / Lion Teeth. Poema / Poem de Craig Martin Getz.
(Imagen del autor)
Décadas después, se murió mi madre en California. Los dandelions,
frescos, firmes y soleados, contra una camisa de franela beige y azul
cuyas mangas de segunda mano nunca llegaban a mis muñecas,
seguían todavía en la foto en su nevera; el Océano Atlántico en los 80,
sentado yo sobre lo que nunca dirías que fueran unas ruinas antiguas,
en la autopsia de su hogar. Años después, con Papá muerto también,
así como tu padre y tu madre, nos aventuramos huérfanos,
los siguientes en morir, por el borde del Pacífico, pasando pueblos
con nombres de santos, atardeceres, acantilados a los que esas mismas
malas hierbas se aferran, floreciendo su juventud amarilla y confiando su
blanco
declive a los vientos de la costa. Y yo, inmerso siempre en los entresijos
de realizarme en español, un idioma extraño que llegó un día
persiguiendo leyendas de oro y de plata, y preocupado
por el destino de las almas, te pregunto el nombre de las flores,
pero no lo sabes; y lo dejo pasar hasta hoy, dientes de león,
restándole importancia.
(Publicado en Dream Catcher, York, Reino Unido, verano 2025) Issue 51 – DreamCatcher
Dientes de León
Antes de todo esto, mi única y duradera historia de amor,
había cogido un manojo de dandelions en el noroeste de España.
había cogido un manojo de dandelions en el noroeste de España.
Décadas después, se murió mi madre en California. Los dandelions,
frescos, firmes y soleados, contra una camisa de franela beige y azul
cuyas mangas de segunda mano nunca llegaban a mis muñecas,
seguían todavía en la foto en su nevera; el Océano Atlántico en los 80,
sentado yo sobre lo que nunca dirías que fueran unas ruinas antiguas,
en la autopsia de su hogar. Años después, con Papá muerto también,
así como tu padre y tu madre, nos aventuramos huérfanos,
los siguientes en morir, por el borde del Pacífico, pasando pueblos
con nombres de santos, atardeceres, acantilados a los que esas mismas
malas hierbas se aferran, floreciendo su juventud amarilla y confiando su
blanco
declive a los vientos de la costa. Y yo, inmerso siempre en los entresijos
de realizarme en español, un idioma extraño que llegó un día
persiguiendo leyendas de oro y de plata, y preocupado
por el destino de las almas, te pregunto el nombre de las flores,
pero no lo sabes; y lo dejo pasar hasta hoy, dientes de león,
restándole importancia.
(Publicado en Dream Catcher, York, Reino Unido, verano 2025) Issue 51 – DreamCatcher
Lion Teeth
Before all this, my one and only long-lasting love story,
I had grabbed a bunch of dandelions in the northwest of Spain.
Decades later, my mother died in California. The dandelions,
fresh, firm and sunny against a plaid flannel of beige and blue
the second-hand sleeves of which never reached my wrists,
were still there on her fridge; the Atlantic Ocean in the 80s,
me sitting atop some ancient ruins you would never guess
in the autopsy of her home. Years later, with Dad gone too,
and your father too and your mother, we venture, the next
to die, orphans along the Pacific edge, past towns named after
saints, sunsets, cliffs to which the very same weeds cling,
blooming their yellow youth and entrusting their white demise
to onshore winds. And me, forever in the throes of fully
realizing myself in Spanish, a strange language that arrived
one day in pursuit of legends of gold, of silver, and worried
about the hereafter of souls, I ask you but you don’t know
the name of the flowers; and I let it go, dientes de león,
giving it little importance, until today.
(Published at Dream Catcher, York, UK, summer 2025) Issue 51 – DreamCatcher
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