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Graciosa gacela, poema de Yehudah Ben Samuel Halevi - (Judá Leví) - (1070-1141)

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Imagen de la red Graciosa gacela, con tu hermosura me cautivaste, cruelmente me esclavizaste en tu prisión.

Fíjate en el sol del ocaso. Poema de Selomoh Ben Yehudah Ibn Gabirol (Avicebrón) (1021 - 1058)

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Fíjate en el sol del ocaso, rojo,  como revestido de un velo de púrpura:  va desvelando los costados del norte y el sur,  mientras cubre de escarlata el poniente;  abandona la tierra desnuda buscando en la sombra de la noche cobijo;  entonces el cielo se oscurece, como si se cubriera de luto por la muerte de Yequtiel

Fragmento del Libro del Buen Amor de Juan Ruíz, Arcipreste de Hita (siglos XIII - XIV)

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Imagen de la red Mucho faz' el dinero, mucho es de amar: al torpe faze bueno e ome de prestar, faze correr al coxo e al mudo fablar, el que non tiene manos, dyneros quier' tomar. Sea un ome nesçio e rudo labrador, los dyneros le fazen fidalgo e sabydor, quanto más algo tiene, tanto es de más valor; el que non ha dineros, non es de sy señor. Sy tovyeres dyneros, avrás consolaçión, plazer e alegría e del papa ración, comprarás parayso, ganarás salvaçión: do son muchos dineros, es mucha bendiçión. Yo vy allá en Roma, do es la santidat, que todos al dinero fazianl' omilidat, grand onrra le fazían con grand solenidat: todos a él se omillan como a la magestat. Ffazíe muchos priores, obispos e abbades, arçobispos, dotores, patriarcas, potestades, e muchos clérigos nesçios dávales denidades. Ffacie verdat mentiras e mentiras verdades. Ffazíe muchos clérigos e muchos ordenados, muchos monges e mongas, rreligiosos sagrados: el dinero les dava por byen e...

El pobre caritativo, de la obra Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (¿1195?-¿1253-1260?)

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Imagen de la red Era un omne pobre que vivié de raziones,  non avié otras rendas nin otras furcïones  fuera quando lavrava, esto poccas sazones:  tenié en su alzado bien poccos pepïones. Por ganar la Gloriosa que él mucho amava,  partiélo con los pobres todo quanto ganava;  en esto contendié e en esto punnava,  por aver la su gracia su mengua oblidava. Quando ovo est pobre d’est mundo a passar,  fablóli muy sabroso, queriélo falagar,  udieron la palavra todos los del logar. «Tú mucho cobdiciest la nuestra compannía,  sopist pora ganarla bien buena maestría,  ca partiés tus almosnas, diziés ‘Ave María’,  por qué lo faziés todo yo bien lo entendía. Sepas que es tu cosa toda bien acabada,  ésta es en que somos la cabera jornada;  el ‘Ite missa est’, conta que es cantada,  venida es la ora de prender la soldada. Yo so aquí venida por levarte comigo,  al regno de mi Fijo que es bien tu amigo,...

Dos poemas de Wallada bint al-Mustakfi (994 - 1091)

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Imagen de internet PURA PIEDRA Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero y supiste el lugar que ocupas en mi corazón, y cómo me dejaba arrastrar por el amor, sumiso, yo, que a nadie más que a ti consentí que me arrastrara, te alegraste de que el sufrimiento cubriera mi cuerpo y de que el insomnio pintara de negro mis párpados. Pasa tus miradas por las líneas de mis cartas y verás mis lágrimas mezcladas con la tinta. Cariño mío: mi corazón se deshace de quejarse tanto a un corazón de pura piedra". --------------o------------- CUANDO CAIGA LA TARDE... Cuando caiga la tarde, espera mi visita,  pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;  siento un amor por ti, que si los astros lo sintiesen  no brillaría el sol, ni la luna saldría  y las estrellas no emprenderían su viaje nocturno.

Un poema del Collar de la Paloma de Ibn Hazm de Córdoba (994 - 1064)

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Imagen d la Red El verdadero amor no nace en una hora, ni da fuego su pedernal siempre que quieres, sino que nace y se propaga despacio, tras larga compenetración, que lo afianza;

Dos poemas de Anacreonte

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I ¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica? Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos que en nada me aprovechan? Será mejor que enseñes a saborear el néctar de Dionisios y a hacer que la más bella de las diosas aun me haga digno de sus encantos. La nieve ha hecho en mi cabeza su corona; muchacho, dame agua y vino que el alma me adormezcan pues el tiempo que me queda por vivir es breve, demasiado breve. Pronto me habrás de enterrar y los muertos no beben, no aman, no desean. II De la dulce vida, me queda poca cosa; esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro; bajar hasta los abismos del Hades, es sobrecogedor y doloroso, aparte de que indefectiblemente ya no vuelve a subir quien allí desciende.